La novela Tentáculos de fuego María Luisa Garza, Loreley (1887-1980)
Peso: 250 gr.
Serie: Hojas de Filología (0)
Centro: IIFL
Precio de lista: $280.00 M.N.
La novela Tentáculos de fuego, contenida en la presente edición, da a conocer la voz de una mujer mexicana de la que poco se ha hablado: María Luisa Garza, Loreley (1887-1980). Autora de seis libros y colaboradora en más de 16 publicaciones periódicas de distintas ciudades del sur de Estados Unidos y la República Mexicana, Loreley fue cumplidamente leída, comentada, seguida y criticada en la década de 1920. Su escritura la posicionó como paradigma de la mujer moderna de su tiempo; sin embargo, ella rechazó cualquier vínculo con los movimientos feministas de sus contemporáneas.
Instrumento de propaganda antialcohólica para la reforma social de finales de los años veinte en México, Tentáculos de fuego retrata fielmente los contrastes de un espacio urbano en ebullición, tal como fue la Ciudad de México en la posrevolución, donde el Estado proyectó librar al nuevo ciudadano del “pulpo maldito” que extendía el vicio a través de sus numerosas extremidades, ejerciendo presión y alcanzando un gran dominio: familia, amigos, trabajo, sociedad, raza y patria.
La ley seca, entendida como la prohibición de vender bebidas alcohólicas, estuvo vigente en los Estados Unidos entre el 17 de enero de 1920 y el 6 de diciembre de 1933. Fue establecida por la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos y derogada por la Enmienda XXI.
Orígenes
En los Estados Unidos había existido desde el comienzo del siglo xix un Movimiento por la Templanza (o Temperancia), entendida primero como moderación en el comer y en el beber, luego como prohibición total de consumir alcohol, y finalmente como una condena de todo lo relacionado con el alcohol, especialmente la industria que lo producía y lo vendía. A lo largo del siglo xix diversos líderes religiosos de iglesias protestantes, populares entre las masas anglosajonas del país, habían insistido públicamente en regular el libre consumo de alcohol, al cual culpaban de diversos males sociales.
El incremento de la inmigración a los Estados Unidos desde 1850 puso a los líderes religiosos estadounidenses en contacto con amplias masas de inmigrantes extranjeros que no compartían sus opiniones respecto a la restricción del consumo de licores. Los inmigrantes irlandeses, alemanes, y de Europa Oriental habían traído sus propias costumbres domésticas más tolerantes hacia el consumo de alcohol, mientras que los predicadores protestantes más conservadores (mayoritariamente anglosajones) insistían en que los recién llegados adoptaran una opinión contraria al libre consumo de licores.
La Guerra de Secesión había impedido el desarrollo de mayores campañas para impedir el libre consumo de alcohol, pero la expansión hacia el oeste había causado que gran parte del territorio recién anexado a los EE. UU. se desarrollase libre de las influencias más conservadoras de Nueva Inglaterra. No obstante, hacia 1890 la «frontera del Oeste» ya había desaparecido y la propaganda del Movimiento por la Templanza adquiría relevancia nacional. A esta corriente se unieron diversos intelectuales progresistas y liberales, así como líderes sindicales de izquierda, que condenaban el consumo de alcohol como elemento provocador de atraso y pobreza entre las masas de obreros que empezaban a llenar las ciudades de EE. UU. Estos grupos apoyaron la labor de los predicadores religiosos en el medio político, reclamando normas que redujeran el consumo de alcohol.




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